Mosquitero ibérico

La llegada del mes de marzo marca el inicio del fin de la invernada en la estación del Prat de Cabanes-Torreblanca; se capturan los últimos escribanos palustres, los mosquiteros comunes son ya muy escasos, sigue el paso de cetia ruiseñor, aunque solo con una o dos capturas diarias, pero que suelen proporcionar algunas recapturas interesantes. También se produce con la llegada del mes una fuerte entrada de carricerín real, con decenas de ejemplares cantando por todas partes, aunque casi no “se tocan”.

Poco más se puede esperar en estas fechas que marcan lo que se podría llamar “el paso del desierto” que se inicia a mediados del mes y dura hasta entrado el mes de mayo, con escasísimas capturas. Los migrantes transaharianos, que en parte deberían de llenar las libretas en esta época brillan por su ausencia.

A pesar de todo es una estación interesante por cuanto supone un aporte interesante a la diversidad de especies capturadas en un ambiente palustre que no destaca precisamente por la variedad. En esta primavera temprana se han capturado los pocos carricerines cejudos que han pasado por Castellón, también se cogen unos pocos carricerines comunes (bastante escasos en levante), algunas currucas carrasqueñas o zarceras, algunos mosquiteros musicales y algún que otro despistado que pasa por los carrizales a medio crecer. Fue igualmente a mediados de abril de hace 4 años cuando capturé mi primer mosquitero ibérico, un macho, aunque debido a la escasa información que tenía sobre el taxón en aquella época no tomé una biometría precisa que apoyara la determinación.

La “carrera contrareloj” que se inició para la correcta determinación en mano de esta especie, iniciada por las publicaciones de Helbig (1996) y Sangster (2002) al dar rango de especie a la ssp. ibérica de mosquitero, como explicaban Onrubia y Arroyo en su artículo, ha aumentado exponencialmente los datos disponibles. Es precisamente este artículo una referencia obligada ya que resume los últimos conocimientos y exponen una gran cantidad de datos de capturas y recapturas que nos da una imagen bastante precisa sobre muchos de los aspectos de nuestro mosquitero:

Onrubia, A., Arroyo, J.L., Andrés, T., Gómez, J., Unamuno, J.M., Zufiaur, F. "El mosquitero ibérico (Phylloscopus ibericus): identificación, biometría y apuntes sobre su migratología" en Revista de Anillamiento nº 12. 2005.

Para que no se me escapara otro mosquitero ibérico sin biometría, y de paso para aumentar la información de la especie por esta zona si fuera el caso, estuve tomando las medidas oportunas de todos los ej capturados durante el paso prenupcial en mi estación, 65 hasta ayer, que cayó el 66, el último bicho del día, cuando ya pegaba el sol.

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Lo primero que llama la atención del ave es su coloración, las estrías amarillo limón del pecho sobre un fondo blanco son características de esta especie. El color de las partes superiores del ibérico es también distinto al de los mosquiteros comunes, más vivo y brillante, al igual que en la cabeza, dando una impresión general más cercana en viveza de color al mosquitero musical.

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Las partes inferiores son en conjunto de color blanco puro con un amarillo limón buen delimitado inf.cob. caudales y en el pecho, sin los tonos pardos o sucios que muestran los comunes, más acentuados en esta época cuando el desgaste ha oscurecido los tonos más vivos que presentaban en su momento.

La fórmula alar es a simple vista similar a la del mosquitero común, con la 6ª primaria emarginada, y un ala relativamente redondeada si la comparamos con la del mosquitero musical, que tiene P2-P5 sumamente alargadas. Sin embargo el análisis detallado de la fórmula alar es fundamental para cerciorarse de la identificación, se han propuesto dos fórmulas (Salomon y Svensson) pero Onrubia y Arroyo recomiendan esta última por discriminar a un mayor número de aves.

Nuestro mosquitero, un macho (ala 62mm), obtuvo un índice de Svensson de 75.5, por encima del mínimo de 73.2 para entrar en el rango de ibérico, este rango se calcula basándose en dos rasgos estructurales de los mosquiteros ibéricos: 1- que tienen una proyección primaria más larga, es decir, P2-P5 son proporcionalmente más largas que en el común, y 2- que tienen la cola y P1 más cortas, adaptaciones ambas a una migración de largo recorrido.

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En este montaje se puede observar cómo el mosquitero común, arriba, muestra una proyección primaria notablemente más corta que el ibérico (la línea blanca corta al final de P7). También se aprecian los tonos pardos a los que hacíamos referencia, evidentes en las auriculares, parte posterior de la ceja, bigotera y en la transición entre las p.sup. y las p.inf., mientras que en ibérico solo tiene tonos blancos y amarillentos, mucho más limpios.

En cuanto a la muda remarcar que este ejemplar había mudado el par central de rectrices, pero que todas las primarias parecían de la misma generación, y que mostraba un desgaste muy acusado de cobertoras mayores. Sabiendo que los jóvenes parece que hacen una muda parcial extensa mejor se quedó como un 4. Tenía grasa nivel 4.5 y músculo 1, un ave en plena migración.

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